PEDAGOGÍA DEL OPRIMIDO – PAULO FREIRE

5 thoughts on “PEDAGOGÍA DEL OPRIMIDO – PAULO FREIRE

  1. sarajarmell says:

    PAULO FREIRE
    Pedagogía del oprimido
    Capítulo II
    Este segundo capítulo de Pedagogía del Oprimido comienza con explicando la forma en que el autor concibe la educación actual. Según podemos leer, Freire considera que, actualmente, la educación no consiste más que en la transmisión de ciertos contenidos por parte del profesor, predominando la metodología tradicional en la que el docente habla y los alumnos escuchan. En mi opinión, la gran mayoría de los profesores siguen este método, pero también hemos de reconocer el esfuerzo de quienes no lo hacen, precisamente por ser una minoría.
    Esta metodología es una forma “vacía” de transmitir los contenidos, motivo fundamental por el cual no se produce en los alumnos un aprendizaje significativo, sino que vinculan dichos contenidos exclusivamente al ámbito académico. Además, siguiendo este modelo de enseñanza, el alumno se limita a memorizar, sin llegar a comprender verdaderamente lo que retiene en su mente.
    El autor utiliza una metáfora, a mi parecer muy apropiada, para explicar la forma de proceder en este modelo: describe a los alumnos como “vasijas” que el docente debe llenar.
    Defiende, asimismo, que este sistema limita en el ser humano la capacidad de buscar, de descubrir. Esto es debido, principalmente, a que no se ofrece la posibilidad de aprender gracias a los propios descubrimientos, sino que se debe memorizar lo que el docente decide.
    El sistema tradicional de enseñanza concibe al docente como el poseedor de los conocimientos, mientras que los alumnos son concebidos como absolutos ignorantes. Esto avoca a un abuso de poder por parte del profesor y la necesidad de sumisión a él por parte de los educandos. Uno de los grandes problemas que expone el autor de este tipo de educación es que, en ella, a los alumnos no se les da la posibilidad de desarrollar una conciencia crítica, además de que anula su capacidad creadora.
    En este sistema, se concebía la educación como un sistema “bancario” en el que los educandos eran los “depósitos”. Y era, precisamente, en estos depósitos donde encontrábamos las mayores contradicciones, contradicciones que, antes o después, podían causar una “rebelión” en contra de los educadores.
    A quienes no lograban alcanzar los objetivos de aprendizaje propuestos se los marginaba, dándoles el nombre de asistidos. Se los consideraba la patología de las sociedades sanas, ineptos y perezosos. No obstante, estas personas no dejaban de estar dentro de la sociedad, de una u otra manera. Es por ello que la solución residía, y sigue residiendo, en integrarlos en la sociedad, pues, además, tienen mucho que aportarle.
    Por otra parte, a este sistema tampoco convenía educar a los adultos desde la idea, evidentemente falsa, de que iban a “descubrir el mundo”, sino que se los hacía sentir ignorantes para, después, inculcarles cierta manera de pensar, la que se consideraba correcta.
    Este sistema puede causar frustración en cuanto que limita la capacidad de actuación de la persona, lo cual le causa una gran frustración cuando se ve incapaz de resolver cualquier problema cotidiano. La única forma, según Fromm, de paliar esta frustración sería mediante la participación de quien guía a la persona o grupo, de forma que esta solución sería, realmente, falsa.
    El autor defiende que el problema reside en que se consideraba que “pensar auténticamente” era peligroso. No obstante, yo me planteo la posibilidad de que, para hallar el motivo de este sistema educativo, tendríamos que remontarnos a los comienzos de la educación, cuando realmente había un conocedor de ciertos contenidos, si así se les puede llamar en esta época, que debía transmitir a otros. Tal vez nos habíamos quedado anclados en este sistema educativo durante muchos años, bien sea por costumbre o, simplemente, porque quienes llevaban a cabo la función de transmisores se dieron cuenta de la conveniencia del mismo.
    Para poner fin a este sistema autoritario, surge la escuela libertadora. Pretende, entre otros, que el docente no sea concebido como un dictador, sino como un guía del proceso de aprendizaje; no como una figura lejana, sino como un modelo al que aspirar. En esta nueva concepción de la escuela, se consideran que educando y educador deben compenetrarse y aprender el uno del otro.
    También se considera que el educador debe tener confianza en el poder creador de sus alumnos, en su capacidad de imaginar, descubrir, contrastar información, etc., siempre con el apoyo del docente.
    Entre otros, se expone como razón de este cambio la necesidad existente en el ser humano de buscar, de descubrir por sí mismo. Este motivo me parecería razonable si no tuviéramos en cuenta todos los años anteriores, que no son pocos, de escuela tradicional. Pienso que, de ser ésta la justificación del cambio de sistema educativo, dicho cambio se hubiera dado más progresivamente. Si tuviera que escoger una razón alternativa, al menos en España, creo que hubiera sido el cambio de régimen de gobierno: la democracia, por definición, da más libertad a la hora de pensar, sobre todo en el caso de los alumnos, y de actuar, refiriéndome, en esta ocasión, principalmente a los profesores.
    Me resultan algo difícil de comprender los párrafos en que considera lo material como internos, inherentes al hombre. Interpreto que quiere decir que, bajo la concepción tradicional de la educación, se concibe al hombre como ser independiente del mundo, cuya consciencia es aprendida, y no innata o natural. Sin embargo, en la escuela moderna se concibe al hombre, su consciencia y el mundo como un único ente.
    Bajo la concepción de la consciencia de la escuela tradicional, el profesor regularía la entrada de dicha consciencia en el alumno, regulando, asimismo, lo que el alumno piensa, la forma en que siente y aprende. Esta concepción bancaria considera que, cuanto más educada está la persona, más adecuada estará para adaptarse al mundo. Limita, por tanto, el pensamiento auténtico. Que los hombres cuestionen el mundo supone, por consiguiente, un problema.
    Los párrafos inmediatamente sucesivos a estos previos son, bajo mi punto de vista, redundantes e, incluso, me atrevería a decir que son innecesarios.
    Llegado cierto momento, en el texto se compara la educación tradicional con lo que Fromm denominó necrofilia. Es decir, se considera que esta educación bancaria valora, de forma casi exclusiva, lo mecánico, lo que no crece de forma natural.
    Por otra parte, se compara la educación moderna con la biofilia. Es decir, con todo lo que suponga crecimiento del alumno, con la experiencia frente a la mera memorización, etc.
    Resulta paradójico que, precisamente quienes buscan la liberación del ser humano, sean, en muchas ocasiones, quienes abogan por una educación opresora.
    Me ha llamado la atención de que la concepción bancaria del aprendizaje se niegue a mantener una comunicación con la escuela moderna con el objetivo de mejorar, ambos, sus prácticas. No me parece que la escuela tradicional sea la más adecuada para el aprendizaje, sin embargo, si mantuviera dicha comunicación, podría llegar a conocer las necesidades de sus alumnos y trabajar para remediarlas, aunque lo hicieran desde una perspectiva más tradicional.
    El texto defiende que, mediante la mera memorización no se puede obtener el conocimiento: es necesario comprender aquello que será objeto de tal memorización, interiorizarlo, para que llegue a existir verdaderamente dicho conocimiento.
    Se expone, asimismo, que, en las prácticas problematizadoras, siempre se toma la postura de sujeto cognoscente. Es decir, la posición tomada por el profesor no se llega a combinar, si quiera, con la figura del sujeto narrador. Es decir, el objeto cognoscible deja de ser propiedad del docente para pasar a serlo de todos.
    Frente a la educación “bancaria”, la educación problematizadora implica un proceso de descubrimiento por parte de los alumnos, además de, también en contraposición con la idea de educación de la escuela bancaria, buscar la emersión de las conciencias, de salida de la coraza que la educación tradicional ha creado en ellas.
    También se sostiene que en la escuela problematizadora surge el compromiso como manera de dar respuesta a los “problemas” o conflictos que surgen a raíz de el contacto con los iguales y con la sociedad en general. Además, concibe la relación hombre-mundo como un todo, pues el hombre no podría existir sin el mundo y, consecuentemente, forma parte de una sociedad, un entorno que también se deben tener en cuenta de cara a la educación. La exposición de esta idea que hace el texto se hace pesada, al proponer reiteradamente la misma idea, cambiando sólo los ejemplos.
    Se destaca que, a diferencia de la concepción bancaria de la educación, la democrática tiene en cuenta la realidad histórica del hombre, usándola como punto de partida.
    Asimismo, se pone de relieve el carácter conscientemente histórico, social e inacabado del ser humano frente a otros animales. De ahí que la educación pueda entenderse como un acto consciente que busca la realización plena del hombre, el formar personas, en la medida de lo posible, “acabadas”. En este sentido, la concepción “bancaria” se sabe más estática, recalca la permanencia, mientras que la concepción “problematizadora” se hace revolucionaria, ya que no acepta un presente bien comportado ni un futuro preestablecido.
    Como ya se dijo antes, la concepción bancaria pone el acento sobre las dificultades del alumno, mientras que la escuela democrática lo pone sobre todo lo contrario, es decir, sobre sus capacidades.
    Una de las ideas que se exponen, a mi parecer, complicadas de entender, al menos de la forma en que la describe el texto, es que la violencia reside en la coacción de otros hacia la propia búsqueda.
    El texto mantiene la idea de que la búsqueda que tenga la finalidad de ser más no se puede dar sino en comunidad, por lo que será imposible que se dé en la relación entre opresores y oprimidos.
    Al igual que no se puede llegar a ser plenamente bajo el poder de la opresión, tampoco se puede alcanzar este fin oprimiendo. Y, volviendo a las diferentes concepciones educativas, se puede señalar que la concepción “bancaria”, aunque no de forma explícita, limita la capacidad de ser de sus estudiantes como forma de controlarlos. Esta es la principal razón por la que, cada vez más, el mundo aboga por una concepción problematizadora de la educación: ésta no limita la capacidad de opinar, de construirse ni de ser de sus alumnos.

  2. Francisco Tomás Periáñez Flores. GRUPO 1.
    PEDAGOGÍA DEL OPRIMIDO.
    Para empezar, en este capítulo de “Pedagogía del oprimido”, Freire nos habla de las relaciones que existen entre profesorado y alumnado, las cuales en su mayoría predominan las clases magistrales y un aprendizaje mecánico por repetición de los alumnos. Además, expone las características y ventajas y desventajas de los modelos de educación que provocan las actuaciones de ambos sujetos (profesor y alumno/a).
    Entre las características de la educación bancaria, podemos encontrar que el profesorado basa sus clases en narraciones dirigidas al alumnado, lo cual conduce a los educandos a una memorización mecánica de contenidos. Convirtiéndolos en depósitos de información para ser llenados.
    Esta forma de llevar a cabo el aprendizaje provoca en los alumnos la apatía a querer aprender, ya que les supone mucho esfuerzo tener que estar memorizando todo lo que dice, apunta o muestra el profesor. No obstante, es el aprendizaje que todos hemos recibido desde pequeños, lo que ha ido provocando una cierta acomodación a este método, es decir, nos hemos acostumbrado a él y es más podemos llegar a pensar que es el adecuado, cuando en realidad hace una función dañina a largo plazo en los estudiantes, ya que este método no nos deja expresarnos libremente estamos impuesto a lo que el profesor dice, no buscamos por nosotros mismos ni con los demás las soluciones a los problemas, no indagamos en la realidad de las supuestas verdades totales; y desde mi punto de vista esto también es un aprendizaje que los alumnos/as deben aprender.
    Por otra parte, Freire nos desvela que esta educación bancaria no tiene cabida ya en las escuelas actuales, debido a que el educador se mantiene en unas posiciones fijas, por lo que el alumno acata lo que éste explica y no busca más allá de la simple explicación del docente. Esto se debe a que el profesor es considerado un erudito que todo lo sabe y como tal tiene el derecho a mostrar sus conocimientos al alumnado, que es considerado ignorante. Pero no se dan cuenta que son ignorantes porque desde el principio de la educación escolar del niño/a le enseñan mediante este método bancario tan autoritario y cerrado para intervenir los alumnos.
    Queda claro que la educación bancaria no es la más correcta para enseñar en las escuelas, sin embargo, ¿qué educación sería la adecuada? Desde luego una educación que no estimulase la ingenuidad y que fomentara la opinión crítica de los alumnos/as para tener un pensamiento objetivo de la realidad que le rodea; y por supuesto no un método que pretenda transformar la mentalidad del oprimido y no la situación que le oprime.

    Como solución a esta educación bancaria surge una educación problematizadora, la cual posee unas características totalmente distintas a la anterior, es una educación que fomenta el proceso comunicativo y el diálogo dentro del aula. Digamos que el educador ya no actúa como único orador, sino que deja y promueve la intervención del alumnado, en beneficio de adquirir nuevos conocimientos ambos sujetos, es decir, ya no es un conocimiento propio del profesor sino que se construye en común.
    Además, con este método los alumnos/as se convertirían en sujetos cognoscentes, manteniendo un papel activo en la construcción del conocimiento. Conseguirían tener una visión más abierta y objetiva de las diferentes perspectivas del mundo, asimismo este tipo de educación provoca que el alumnado se interese por el verdadero por qué de los conocimientos surgidos en clase.
    En conclusión, la educación bancaria ha quedado ya anticuada para los tiempos tan globalizados que vivimos en los que se le exige tanto a los estudiantes para conseguir un buen puesto de trabajo, pues bien, para ello pienso que sería mejor una educación problematizadora en la que se enseñe al alumno/a de una manera más libre a desenvolverse con solvencia en la búsqueda de soluciones ante los problemas que se le plantean. Para ello la mejor forma es que educador-educando se unan en la construcción del aprendizaje.

  3. PEDAGOGÍA DEL OPRIMIDO. FREIRE.
    En este segundo capítulo de “Pedagogía del oprimido”, el autor nos va explicando varios formas de educación y realiza una valoración sobre la relación entre educadores y educandos en dos conceptos diferentes de la educación. Por un lado, existe una concepción de la educación “bancaria”, a la que se opone y critica, y por otro lado, la denominada educación “problematizadora”, a la que defiende y apoya, como solución a la anterior.
    Primero nos habla de una educación “bancaria”, en esta concepción de la educación el conocimiento es una donación de los que saben hacia los considerados ignorantes. El educador será siempre el que sepa todo y, en cambio, los educandos serán los que no sepan nada, los ignorantes. Esta posición lo único que consigue es obstaculizar el proceso de educación. Para un verdadero maestro, no puede existir dicha concepción de la educación, uno no puede llegar a una clase, vomitar una serie de contenidos y marcharse por donde ha entrado sin importarle en absoluto el aprendizaje de sus alumnos. Hay que volcarse en la profesión y cambiar ese modelo tradicional tan arraigado en esta sociedad. Pero, ¿cómo hacerlo? Al fin y al cabo es a lo que estamos acostumbrados.
    Dicha educación bancaria se transforma en un acto de depositar en el que los educandos son los depositarios y el educador quien deposita y nada más, es lo que hay en las aulas y es lo que debemos conseguir cambiar, pues no se puede concebir una educación en la que no exista la creatividad, en la que se coarte la imaginación de los niños, en la que estos no participen, ellos también tienen mucho que enseñarnos, hay que ir en búsqueda de una enseñanza-aprendizaje bidireccional, en la que se intercambien los papeles de educador y educando todas las veces que sea necesario.
    Una buena educación debe comenzar por la superación de la contradicción educador-educando. Como dice Freire en el texto, “se debe llegar a un punto de conciliación en que ambas partes se hagan tanto educadores como educandos.”
    El autor critica abiertamente la educación bancaria, pues no se puede apoyar una educación que estimule la ingenuidad de los que son educados y que no promueva la capacidad de crítica. La educación bancaria reacciona en contra de una educación que estimule el pensamiento auténtico. ¿Y qué tiene de malo potenciar en los alumnos un pensamiento auténtico? Pues en el mismo texto se responde a esta pregunta: “El problema radica en que pensar auténticamente es peligroso.” No quieren dar la posibilidad de ser activos en el mundo, se les impone pasividad, por lo que empiezan a adaptarse a lo que hay en lugar de intentar cambiar y transformar el panorama.
    Para la concepción “bancaria”, cuanto más adaptados estén los hombres tanto más “educados” serán en tanto adecuados al mundo.
    Considero que es complicado concebir una comprensión de las personas como seres vacíos y que deben ser llenados con contenidos, esto es demasiado mecanicista, las personas han de ser vistas como “cuerpos conscientes” del mundo.
    En cambio, en la educación problematizadora educador y educando pasan a ser sujetos del proceso en que crecen juntos. En este tipo de educación se lucha por superar esa contradicción entre educador-educando y paliar tantas discrepancias. Se busca que el educador no sea sólo el que educa, sino también el que es educado a través del diálogo con el educando, que, al ser educado, también educa.
    Mientras que en la práctica bancaria se inhibe el poder creador de los educandos, la educación problematizadora implica un acto permanente de descubrimiento de la realidad; en la educación bancaria el que educa va llenando a los que son educados de contenidos sin más, mientras que en la educación problematizadora, los educandos desarrollan su capacidad de comprender el mundo y sus relaciones con él. Se les presenta el mundo como una realidad en transformación.
    En el ámbito educativo, lo primordial es otorgarles a los alumnos la posibilidad de crear, de tener su propia opinión, de experimentar. Es muy importante hacer que los alumnos sean conscientes, que sean seres activos y que reflexionen. Los niños son curiosos por naturaleza y no debemos coartarlos.
    Para finalizar, la educación es un quehacer permanente, siempre está en constante movimiento. Permanente por la inconclusión de los hombres y por el devenir de la realidad. Me quedo con la siguiente frase que invita a reflexionar: Ningún orden opresor soportaría el que los oprimidos empezasen a decir: “¿Por qué?”.

  4. luciaortegalopez says:

    “Dado que en esta visión los hombres son ya seres pasivos, al recibir el mundo que en ellos penetra, solo cabe a la educación apaciguarlos más aún y adaptarlos al mundo. Para la concepción “bancaria”, cuanto más adaptados estén los hombres tanto más “educados” serán en tanto adecuados al mundo.”
    En esta línea educativa, se pretende que el educando fija y memorice los conceptos, repitiéndolos sin percibir lo que realmente significan. Por tanto la educación se convierte en el acto de depositar conocimiento (memorización mecánica). En vez de comunicarse, el educador hace comunicados y depósitos que los educandos reciben, memorizan y repiten sin ningún sentido. Esta es la razón por la que este tipo de educación es denominada en el texto como concepción bancaria de la educación, porque los alumnos reciben los depósitos, los guardan y los archivan, tal y como se hace en un banco.
    La educación se convierte por tanto en un proceso carente de creatividad, donde el educador es el que sabe, el que siempre educa, el que piensa el sujeto del proceso, mientras que el educando es el que no sabe, el que siempre es educado, los objetos pensados. Por tanto el educador siempre transmite, entrega, da su saber a los educados. De modo que este saber transmitido, deja de ser experiencia realizada para ser el saber de la experiencia narrada o transmitida, sin desarrollar la conciencia crítica en sus educandos, aunque si estimulando su ingenuidad y dificultando el pensamiento auténtico.
    Se puede decir por tanto que la concepción bancaria de la educación pretende “domesticar” y “deshumanizar”, pero lo que no perciben aquellos que la llevan a cabo, es que los propios depósitos de conocimiento se encuentran en contradicción con la realidad, por lo que esto puede provocar un enfrentamiento con dicha realidad, despertando a los educando de su domesticación.
    Por ello debemos defender una educación liberadora, donde tanto profesores como alumnos se conviertan simultáneamente en educadores y educando. De este modo el educador ya no solo es el que educa sino aquel que en tanto educa, es educado a través del diálogo con el educando, quien al ser educado, también educa. Transformándose ambos en sujetos activos del proceso en que crecen juntos.
    Por tanto, siguiendo esta línea, el educador rehace constantemente su acto cognoscente en la cognoscibilidad de los educandos. Estos, en vez de ser dóciles receptores de los depósitos, se transforman ahora en investigadores críticos en diálogo con el educador, quien a su vez es también un investigador crítico.
    En resumen se puede indicar que la diferencia que radica entre ambas es que la “bancaria”, por razones obvias, insiste en mantener ocultas ciertas razones que explican la manera como están siendo los hombres en el mundo y, para esto, mitifican la realidad. Mientras que la problematizadora, comprometida con la liberación, se empeña en la desmitificación. Por ello, la primera niega el diálogo en tanto que la segunda tiene en él la relación indispensable con el acto cognoscente, descubridor de la realidad.

  5. analauravr says:

    En el capítulo II, Pedagogía del Oprimido , Paulo Freire nos habla de la educación bancaria y en contraposición la educación problematizadora.
    Aunque hablemos en numerosas ocasiones de revolucionar el sistema, de producir cambios y de instaurar nuevas formas de transmitir la enseñanza lo cierto es que tradicionalmente hasta nuestros días el modelo predominante es tal y como expone Paulo Freire una educación bancaria, esto es, el educador va transmitiendo una serie de contenidos impuestos al educando que es un mero receptor. Tal y como he comentado, aunque se intenta cambiar esto, y aunque nadie le ve el beneficio a la transmisión de unos contenidos que van a ser memorizados por el alumnado, expulsado a la hora del examen y… ¿fin del proceso de enseñanza?. Considero que esta no es la finalidad de la educación, que lo que se debe pretender es que el alumnado sepa desenvolverse en la vida, y de que nos sirve que un alumno/a sepa perfectamente un contenido de conocimiento del medio y a la hora de resolver un problema en su vida cotidiana o de convivir con el entorno no sepa. Debemos crear cuerpos conscientes, seres capaces de desarrollarse en cualquier ámbito de la vida.
    Nuestro punto de partida debería ser la conciliación de que tanto educadores como educandos se hagan simultáneamente. Esto es que tanto educador como educando se aporten mutuamente. Cabe citar aquí, lo que Freire refiere como educación problematizadora, la cual implica un acto permanente de descubrimiento de la realidad, buscando la emersión de las conciencias, de la que resulta su inserción crítica en la realidad. Una educación en la que tanto educador como educando son agentes activos y de conocimiento aportándose tanto uno como el otro. Aquí ya nadie educa a nadie, sino que el conocimiento surge de la comunidad siendo el mundo el que actúa como mediador.
    Si dejáramos a un lado lo que se nos impone, y pensáramos realmente en lo que es más beneficioso para nuestra sociedad, sin duda, deberíamos empezar a desarrollar la educación problematizadora. Crear alumnado crítico, reflexivo y que no se conforme con lo que se le está diciendo, que tengan oportunidad de réplica y que lo que yo pueda transmitirle como maestra él/ella pueda cuestionármelo como alumno/a sin que esto suponga un problema.
    Una educación en la que el educador ya no es sólo el que educa sino aquel que mientras educa es educado a través del diálogo con el educando, y quien, al ser educado, también educa. Conseguir una educación que no pretenda adaptarse al mundo sino transformarlo.

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